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¿Cómo ha cambiado nuestra ciudad? ¿Y nuestro barrio, el de toda la vida? Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, vivimos en ciudades que han sufrido enormes transformaciones en las últimas décadas. Con ellas la manera de relacionarnos ha variado, ahora es más fragmentada y la vitalidad de muchos barrios es cada vez más escasa. Nuestros vecinos son desconocidos, gente ajena, y las calles, las plazas han dejado de ser el principal escenario, el lugar de encuentro. Por otra parte, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han entrado en nuestras vidas y son algo más que un elemento cotidiano: influyen notablemente en la manera en la que utilizamos nuestro tiempo y en la forma en la que interactuamos con las personas de nuestro entorno. Internet ha hecho posible que las personas no necesiten estar próximas entre sí para informarse, relacionarse, divertirse, ligar y ayudarse. Sin embargo, como seres sociales y emocionales necesitamos tener relaciones con nuestros semejantes en un entorno cotidiano y de proximidad como es nuestro vecindario, nuestro barrio.

Y todo esto desemboca, en que nos encontramos en la actualidad con barrios históricos de marcada identidad y barrios novísimos surgidos al calor de nuestro particular boom inmobiliario, ambos claramente diferentes, pero con síntomas parecidos de agotamiento y carentes de vida urbana. Y para cambiar esta realidad, hacen falta no solo iniciativas e inversión de la Administración, sino que es imprescindible la participación ciudadana, nuestra iniciativa e imaginación: conseguir atraer a las personas y empresas emprendedoras del barrio hacia el uso y difusión de las TIC, el diseño y la innovación social. Entender que Internet y sus múltiples herramientas son canales accesibles para la difusión y explotación de las iniciativas de arte, las opciones comerciales, eventos deportivos, actos culturales, la actividad social en general; que es un poderoso potenciador para el uso ciudadano de las calles, patios, plazas y parques. Las TIC son, hoy en día, las principales herramientas participativas. Por ello es imprescindible universalizar su uso y extender la cultura digital, para que alcance a todos los estratos sociales independientemente de edad, ingresos, nacionalidad o educación. El acceso común a Internet en los barrios menos favorecidos aumenta la inserción social, la integración, la cooperación y la formación. La disparidad en las posibilidades de acceso a la cultura de los medios es una barrera importante si queremos recuperar nuestros barrios, dotarles de más actividad, más vida. Es necesario dotar a nuestros barrios de una piel digital.