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Desde hace algunos años, hay un término emergente que es la adaptación del término anglosajón smart city: la ciudad inteligente también llamada ciudad eficiente, para referirse a una forma de desarrollo urbano que es capaz de cubrir adecuadamente tanto las necesidades básicas de los ciudadanos, como las propias del conjunto empresarial y las instituciones administrativas; sustentada en la sostenibilidad económica, social, tecnológica y ambiental.

Un conjunto urbano o un barrio podrá considerarse como inteligente o eficiente en la medida que las inversiones y todas las acciones que se realicen para su modernización se orienten y provoquen una alta calidad de vida, es decir: un desarrollo económico sostenible y una gestión reflexiva de su impacto ambiental, una participación amplia de la ciudadanía en su gobierno, un aprovechamiento capaz de todos los recursos tecnológicos, y especialmente, una buena utilización por parte de los ciudadanos de su tiempo.

Actualmente, la calidad de vida en los barrios, como zona urbana elemental, ya no depende únicamente de la dotación de infraestructuras y servicios básicos que disponen, sino, que de una forma creciente, está ligada tanto a la eficiencia y disponibilidad de las comunicaciones, como a la difusión del conocimiento.

Porque en un barrio inteligente (tal como demostró un interesante estudio llevado a cabo en 2012 por Markess International, sobre 130 colectividades locales francesas) existe una buena comunicación e interacción entre sus habitantes. Ellos son importantes consumidores de información relativa a su vida cotidiana, familiar y profesional como puede ser información sobre los desplazamientos dentro del barrio y en la ciudad, nuevos servicios públicos o funcionamiento de los ya existentes, eventos de carácter social o cultural, oportunidades profesionales, servicios y productos que ofrecen los comercios locales del propio barrio; también son productores de información útil a través de los weblogs, las redes sociales y los servicios móviles, expresando opiniones y valoraciones de servicios, comercios, locales, eventos, denunciando fallos o imperfectos de las vías públicas.

La utilización extensiva de Internet y de las redes de telecomunicaciones para una eficaz colecta y distribución de datos sobre el vecindario y todos sus actores; información útil y necesaria para adaptar los recursos a las necesidades y poner en funcionamiento nuevas formas de colaboración entre individuos, empresas e instituciones; encaminados a transformar el barrio en un espacio efectivo donde la convivencia será más inteligente.

En definitiva, el objetivo es lograr un desarrollo urbano que favorezca activamente la calidad de vida del conjunto de sus habitantes, respaldando y complaciendo las necesidades tanto de las empresas e instituciones como de las personas, gracias al uso común de las TICs. Un barrio comprometido con el entorno donde las soluciones tecnológicas son fundamentales en la interacción de los ciudadanos. La tecnología convertida en un medio activo para la participación y el compromiso ciudadano.